La de Bringas

Benito Pérez Galdós

I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII, XIII, XIV, XV, XVI, XVII, XVIII, XIX, XX, XXI, XXII, XXIII, XXIV, XXV, XXVI, XXVII, XXVIII, XXIX, XXX, XXXI, XXXII, XXXIII, XXXIV, XXXV, XXXVI, XXXVII, XXXVIII, XXXIX, XL, XLI, XLII, XLIII, XLIV, XLV, XLVI, XLVII, XLVIII, XLIX, L

I

Era aquello... ¿cómo lo diré yo?... un gallardo artificio sepulcral deatrevidísima arquitectura, grandioso de traza, en ornamentos rico, poruna parte severo y rectilíneo a la manera viñolesca, por otra movido,ondulante y quebradizo a la usanza gótica, con ciertos atisbosplaterescos donde menos se pensaba; y por fin cresterías semejantes alas del estilo tirolés que prevalece en los kioskos. Tenía piramidalescalinata, zócalos greco-romanos, y luego machones y paramentosojivales, con pináculos, gárgolas y doseletes. Por arriba y por abajo, aizquierda y derecha, cantidad de antorchas, urnas, murciélagos, ánforas,búhos, coronas de siemprevivas, aladas clepsidras, guadañas, palmas,anguilas enroscadas y otros emblemas del morir y del vivir eterno. Estosobjetos se encaramaban unos sobre otros, cual si se disputasen,pulgada a pulgada, el sitio que habían de ocupar. En el centro delmausoleo, un angelón de buen tallo y mejores carnes se inclinaba sobrauna lápida, en actitud atribulada y luctuosa, tapándose los ojos con lamano como avergonzado de llorar; de cuya vergüe

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