Nota del Transcriptor:
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PÍO BAROJA
MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN
El aprendiz de conspirador.
El escuadrón del Brigante.
Los caminos del mundo.
Con la pluma y con el sable.
Los recursos de la astucia.
La ruta del aventurero.
Los contrastes de la vida.
La veleta de Gastizar.
Los caudillos de 1830.
La Isabelina.
El sabor de la venganza.
ES PROPIEDAD
DERECHOS RESERVADOS
PARA TODOS LOS PAÍSES
COPYRIGHT BY
RAFAEL CARO RAGGIO
1921
Establecimiento tipográfico
de Rafael Caro Raggio
PÍO BAROJA
MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN
EL SABOR DE LA VENGANZA
SEGUNDA EDICIÓN

RAFAEL CARO RAGGIO
EDITOR
MENDIZÁBAL, 34
MADRID
Hablemos un poco.
Goethe.
Estas historias violentas de sangre—dice nuestroamigo Leguía—me las contó Aviranetaen San Leonardo, un pueblo de la provincia deSoria, adonde don Eugenio iba a veranear los últimosaños de su vida. Yo solía ir a ver a Aviranetacon frecuencia cuando estaba en Madrid y vivíaen la calle del Barco. Aviraneta era ya viejo en estetiempo: andaba cerca de los ochenta años; y yo,aunque más joven que él, sentía que también paramí había pasado la época de la acción y del entusiasmo.Los dos, solitarios y olvidados, recordábamosnuestros tiempos, que nos parecían mejoresque aquellos en que vivíamos.
Josefina, la mujer de don Eugenio, una francesade Toulouse, con la que se había casado, ya viejo,me decía que no dejara de visitar a su marido.
—El pobre se aburre y a usted le quiere comoa un hijo—me indicaba la francesa.
—Yo voy a verle siempre que puedo.
—¡Está tan abandonado!—añadía ella.
En la época de la guerra francoprusiana, Josefiname escribió que don Eugenio estaba en San[10]Leonardo, un poco delicado de salud, y que sequedaba allí hasta reponerse.
Fuí a verle a don Eugenio al pueblo y lo encontréya bien.
Pensaba volver en seguida a Madrid; pero mesorprendió una gran borrasca de frío y nieve ytuve que quedarme allí unos días hasta que pasara.
San Leonardo es un pueblo entre pinares, allado de un cerro coronado por las ruinas de uncastillo. Don Eugenio vivía en casa del nieto de unguerrillero del Cura Merino, a quien llamaban eltío Chaparro.
El tío Chaparro era dueño de grandes rebaños ytenía una hermosa casa de piedra con una cocinaancha, que cogía casi la mitad del piso bajo.
El hijo del guerrillero miraba a don Eugeniocomo a un héroe, y más que como a un héroe,como a un sabio: le escuchaba religiosamente,mandaba que todo el mundo le obedeciese y leponía un gran sillón de cuero al lado de la lumbre.De noche, en la cocina, solía haber gran reuniónde cabrer