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[Illustration: ARS-NATURA-VERITAS]
Los hechos históricos ó novelescos contados en este libro, se refieren áuno de los periodos de turbación política y social más graves éinteresantes en la gran época de reorganización, que principió en 1812 yno parece próxima á terminar todavía. Mucho después de escrito estelibro, pues sólo sus últimas páginas son posteriores á la Revolución deSeptiembre, me ha parecido de alguna oportunidad en los días queatravesamos, por la relación que pudiera encontrarse entre muchossucesos aquí referidos y algo de lo que aquí pasa; relación nacida, sinduda, de la semejanza que la crisis actual tiene con el memorableperíodo de 1820-23. Esta es la principal de las razones que me haninducido á publicarlo.
Diciembre de 1870.
I.—La carrera de San Jerónimo en 1821.
II.—El club patriótico
III.—Un lance patriótico y sus consecuencias
IV.—Coletilla
V.—La compañera de Coletilla
VI.—El sobrino de Coletilla
VII.—La voz interior
VIII.—Hoy llega
IX.—Los primeros pasos
X.—La primera batalla
XI.—La tragedia de Los Gracos
XII.—La batalla de Platerías
XIII.—No llega el esperado.—Llegada de un importuno
XIV.—La determinación
XV.—Las tres ruinas
XVI.—El siglo décimoctavo
XVII.—El sueño del liberal
XVIII.—Diálogo entre ayer y hoy
XIX.—El abate
XX.—Bozmediano
XXI.—¡Libre!
XXII.—El vía-crucis de Lázaro
XXIII.—La Inquisición
XXIV.—Rosa mística
XXV.—Virgo prudentísima
XXVI.—Los disidentes de La Fontana
XXVII.—Se queda sola
XXVIII.—El ridículo
XXIX.—Las horas fatales
XXX.—Virgo fidelis
XXXI.—La reunión misteriosa
XXXII.—La Fontanilla
XXXIII.—Las arpías se ponen tristes
XXXIV.—El complot.—Triunfo de Lázaro
XXXV.—El bonete del Nuncio
XXXVI.—Aclaraciones
XXXVII.—El vía-crucis de Clara
XXXVIII.—Continuación del vía-crucis
XXXIX.—Un momento de calma
XL.—El gran atentado
XLI.—Fernando el Deseado
XLII.—Virgo potens
XLIII.—Conclusión
#La Carrera de San Jerónimo en 1821#.
Durante los seis inolvidables años que mediaron entre 1814 y 1820, lavilla de Madrid presenció muchos festejos oficiales con motivo deciertos sucesos declarados faustos en la Gaceta de entonces. Sealzaban arcos de triunfo, se tendían colgaduras de damasco, salían á lacalle las comunidades y cofradías con sus pendones al frente, y en todaslas esquinas se ponían escudos y tarjetones, donde el poeta Arriazaestampaba sus pobres versos de circunstancias. En aquellas fiestas, elpueblo no se manifestaba sino como un convidado mas, añadido á la listade alcaldes, funcionarios, gentiles-hombres, frailes y generales; no eraotra cosa que un espectador, cuyas pasivas funciones estaban previstas yseñaladas en los artículos del programa, y d