Fortunata y Jacinta: (dos historias de casadas)

por
B. Pérez Galdós

Imprenta de La Guirnalda

Madrid

1887


ÍNDICE

PARTE PRIMERA
-I--II--III--IV--V--VI--VII--VIII--IX--X--XI-

PARTE SEGUNDA
-I--II--III--IV--V--VI--VII-

PARTE TERCERA
-I--II--III--IV--V--VI--VII-

PARTE CUARTA
-I--II--III--IV--V--VI-

PARTE PRIMERA


-I-

Juanito Santa Cruz

-i-

Las noticias más remotas que tengo de la persona que lleva este nombreme las ha dado Jacinto María Villalonga, y alcanzan al tiempo en queeste amigo mío y el otro y el de más allá, Zalamero, Joaquinito Pez,Alejandro Miquis, iban a las aulas de la Universidad. No cursaban todosel mismo año, y aunque se reunían en la cátedra de Camús, separábanse enla de Derecho Romano: el chico de Santa Cruz era discípulo de Novar, yVillalonga de Coronado. Ni tenían todos el mismo grado de aplicación:Zalamero, juicioso y circunspecto como pocos, era de los que se ponen enla primera fila de bancos, mirando con faz complacida al profesormientras explica, y haciendo con la cabeza discretas señales deasentimiento a todo lo que dice. Por el contrario, Santa Cruz yVillalonga se ponían siempre en la grada más alta, envueltos en suscapas y más parecidos a conspiradores que a estudiantes. Allí pasaban elrato charlando por lo bajo, leyendo novelas, dibujando caricaturas osoplándose recíprocamente la lección cuando el catedrático lespreguntaba. Juanito Santa Cruz y Miquis llevaron un día una sartén (nosé si a la clase de Novar o a la de Uribe, que explicaba Metafísica) yfrieron un par de huevos. Otras muchas tonterías de este jaez cuentaVillalonga, las cuales no copio por no alargar este relato. Todos ellos,a excepción de Miquis que se murió en el 64 soñando con la gloria deSchiller, metieron infernal bulla en el célebre alboroto de la noche deSan Daniel. Hasta el formalito Zalamero se descompuso en aquella ruidosaocasión, dando pitidos y chillando como un salvaje, con lo cual se ganódo

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